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Día de los muertos en México

Cempasúchil: flor de muerto

Desde los tiempos más remotos, el cempasúchil ha estado ligado en México a cultos religiosos; hoy forma parte indisoluble de la celebración del día de Todos los santos y la conmemoración de los Fieles difuntos, festividades cristianas que en nuestro país tienen un fuerte sabor pagano al que contribuye no poco esta flor, con la que se cubren las tumbas y se adornan las ofrendas a nuestros muertos los días 1 y 2 de noviembre, por el fuerte aroma que despiden sus hojas cuando se estrujan.

Esta planta es probablemente originaria de México, aunque actualmente se cultiva en diversas regiones del mundo, con fines medicinales, ornamentales y como alimento para aves. En los pueblos se usa para curar cólicos, empacho y fiebres intermitentes.

Francisco Hernández, médico y botánico, quien fuera nombrado por Felipe II como "protomédico general de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano", cita las propiedades del cempasúchil en su libro: Rerum medicarum Novae Hispaniae thesaurus, editado por Federico Cesi.

Día de muertos

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Según la tradición del Día de muertos, las celebraciones de las fiestas de muertos comienzan el 31 de octubre al colocar ofrendas para las almas de los niños, quienes llegan al mediodía y permanecen hasta el mediodía del 1 de noviembre. En ese momento llegan las almas de los adultos, quienes permanecerán en sus hogares hasta la tarde del día 2, en que se cree regresan de nuevo al reino de los muertos. Las ofrendas para niños llevan flores blancas, velas pequeñas, juguetes, fruta, atole, pan, chocolate, tamales de dulce, agua, copal y sal. La ofrenda de los adultos cambia. Se retiran el atole, los juguetes, los tamales de dulce y las flores blancas y, en su lugar, se ponen licor, pulque, tamales de chile con carne, calaveras de azúcar, flores de cempasúchil, agua y sal; además se le sirven sus platillos preferidos, como son mole, barbacoa, refresco y cerveza. En ocasiones se coloca un petate para colocar las ofrendas que ya no caben en el altar.

En Mizquic, lugar en que el culto a los muertos perdura con mayor apego a la tradición, al atardecer del día 2 de noviembre, las gentes del pueblo van al cementerio con cirios y veladoras, sahumerios, incienso y flores que colocan sobre las tumbas de sus seres queridos. El día 3 de noviembre concluyen las festividades con el intercambio de ofrendas entre parientes y amigos¼ Se dan la calavera, acto que estrecha los vínculos familiares y aviva la amistad.

Muchos de los elementos de la ofrenda tienen un significado especial. La flor de cempasúchil simboliza la fugacidad de la vida; las velas, la luz que guía a las animas en su viaje por la eternidad; el agua es el principio de la vida: purifica y lava; la sal, dice la tradición, preserva el cuerpo de la corrupción y, como el agua, es símbolo de pureza e inocencia; el dulce perfume del copal (o el incienso) simboliza la unión del alma con la naturaleza.

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